
Acaricias mi pelo mientras aspiras profundamente el aroma que desprendo. Te impregnas de mí con los ojos cerrados al tiempo que rozas suavemente tu nariz con mi cuello.
Me inclinas, me besas en el escote, y la punta de tu lengua comienza un recorrido sinuoso y certero. Embadurnas de saliva mis pechos, mordisqueas y chupas mis pezones casi atragantándote con ellos. Rebañas mis tetas como si no quisieras terminar jamás.
Al fin terminas el primer plato y bajas dejando huella por toda mi piel hasta llegar al plato fuerte.
Separas con cuidado mis labios, y fijas la vista en el suculento manjar. La saliva bajando por tu garganta rompe el silencio y tu cabeza desaparece una vez más para saborear lo que mi coño te ofrece.
Tus labios absorben los míos inundándose de ese sabor suave y especiado. Experto, lames y lames provocando espasmos y arrancando sabores distintos. Deslizas tu lengua cada vez más hondo, más denso, más rápido, buscando ese resabio final donde degustarás lo más intenso que has probado.
Estoy a punto de caramelo, y sigues paladeando golosamente mi coño, que montas una y otra vez a punto de nieve. Hasta que consigues tu degustación y una cascada de líquidos aromas, empaques y sabores anegan tu boca.
-Superb. Me dices.
- ¿ Y el postre, amor, todo catador preciado debe ultimar el menú? Contesto yo.
-Cariño, hoy el postre lo catas tú.
E hincándome tu polla hasta el fondo de mis ganas gritas: ¡¡ Bon Apetit!!!







